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viernes, 10 de julio de 2009

Hoy creo en Honduras

3 de julio, 2009
No se si alguna vez han leído ese poema de Jorge Luís Borges, “Instantes”*. Dice el poeta, que si pudiera vivir nuevamente “no intentaría ser tan perfecto”, “correría más riesgos”, “comería más helados y menos habas.” En mi opinión le faltó: si pudiera vivir nuevamente, defendería más cosas en las que creo.

Hoy creo en Honduras. Creo en un país con 50.7% de la población bajo la línea de pobreza. Creo en un país con el sistema de educación mas atrasado de Centro América. Creo en un país, que a pesar del panorama del problemas que han detenido su desarrollo por décadas, tomo un paso firme hacia un futuro prometedor. Desde hace casi un año, con la afiliación de Honduras a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), culminando en la propuesta de una “Cuarta Urna”, un intento de mantenerse en el poder “constitucionalmente” como lo hicieron u lo intentan hacer sus aliados de la región, Chávez y Morales , Zelaya finalmente le mostró al mundo sus intenciones. Hasta la jerga era la misma: referéndum, asamblea constituyente, participación popular… ¿ esta era la voz y el voto que “Mel” nos proponía, igual a la que Chávez le ha impuesto a su pueblo por la ultima década? Cuando el jefe de las fuerzas armadas no siguió ordenes del ex presidente de organizar el comienzo de su “encuesta” sobre reforma constitucional, éste destituyó al general de su cargo. Entonces cuando Zelaya se mostró decidido en seguir adelante con la encuesta que la Corte Suprema, el Congreso Nacional y muchas otras instituciones del país pronunciaron ilegal, el orden democrático fue reestablecido en el país y el líder que intentaba jugar con la constitución, cambiándola a su conveniencia para seguir en el poder indefinidamente, fue depuesto por consecuencia de sus propias acciones. ¿Y quien se hubiera imaginado que sería Honduras, el “banana republic” por quien nadie daba dos centavos, que rompía por fin con este patrón ideológico que ha arrasado en el continente?

Lo triste de todo esto es que al destituir a Manuel Zelaya le dimos toda la plataforma que necesitaba, convirtiéndolo en un mártir ante la comunidad internacional. Irónicamente, “Mel” ya estaba cavando su propia tumba. Ahora, injustamente, nos toca a nosotros justificar nuestras acciones, probarle al mundo lo que es tan evidente: que nuestro anterior presidente era una amenaza a la democracia en Honduras. Por eso nos toca a todos creer en Honduras.

Es cierto que la inequidad en la distribución de riquezas es uno de los problemas más grandes del país, que la mitad de la población viva bajo la línea de la pobreza es un hecho alarmante. Pero fomentar la división en un país entre clases sociales no es la respuesta. Y políticos que están más interesados en buscar maneras de perpetuar su poder y autoridad tampoco son la solución. Tenemos que ver hacia el futuro con positivismo y creatividad: impulsando la educación, innovando la agricultura, fomentando la producción local, creando nuevos empleos, estimulando la economía… no dejándonos engañar por líderes incompetentes que no tienen los conocimientos ni la integridad para dirigir una nación. ¿Acaso Venezuela, con indicadores de pobreza de mas de 40% de la población, es un país que esta progresando, desarrollando, prosperando? Y que tal Bolivia, que con su presidente Evo Morales, aunque no domine totalmente ni español ni aymará (su lengua indígena), ha creado una situación de racismo reversado donde no ser de una etnia indígena es motivo de discriminación y odio. Estos son las personas que desgraciadamente están dictando el futuro de nuestros países…los que se pararon en un escenario hondureño hace casi un año fraternalmente llamándose comandante cocalero, comandante llanero y comandante vaquero aplaudiendo esa nueva alianza.

Hoy aplaudimos otra alianza. Una alianza entre personas que están dispuestas a luchar por lo que creen. A mantenerse firmes en sus convicciones y a no ser cobardes ante la oportunidad de provocar un cambio. A entregarse con persistencia y perseverancia a esas causas imposibles. Si seguimos así, fuertes, unidos, nos vamos a dar cuenta que al final no eran tan imposibles.

Soy boliviana, pero doy gracias que las cosas no están como en Bolivia. He visitado Cuba, y doy gracias que no tenemos que aguantar lo que aguantan los cubanos. No soy hondureña, pero este sí es mi país. Y hoy, más que nunca, creo en ella.

*La autoría de este poema no ha sido comprobada aunque se le atribuye al argentino Jorge Luís Borges.

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