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sábado, 5 de junio de 2010

El honor de caballeros, ¿Extinguido o resurgiendo?

Terminando de ver "Los Miserables", esa terrible escena en donde se suicida un policía por honor, me dice una señora: "Esos eran otros tiempos en donde era importante el honor y la honestidad". Y suspira con nostalgia, probablemente enterneciendo su memoria en esos tiempos dorados. Mas no me doy cuenta que el mundo en que estamos hoy es producto de la cadena de eventos pasados, incluyendo esos tiempos Dorados y más importante aún: Yo soy responsable de los futuros tiempos "Dorados".





Mi mente rápidamente elabora una teoría en donde digo: "Lo que pasa es que la sociedad actual elimina sistemáticamente a la gente que es honorable, que no miente, que no engaña, que no dice lo que tiene que decir para satisfacer a un cliente, un jefe"... y continué, en 3 segundos más, convenciéndome "Si, no se puede ser piadoso, ni buena gente"... y al mismo tiempo "Ser exitoso". Que gran víctima me sentí... mártir a causa de mi propia bondad. Casi que me siento como esos santos cuyas fotos son repartidas por sus respectivas órdenes eclesiásticas.

Continúo acusando mi ambiente: El pobre que le dice al cliente los errores de su producto, o el mártir que le explica al jefe que su última estrategia fue una estupidez, por lo general termina siendo mal visto y poco apreciado. ¡Hay! Lo crucifican al honesto en estas oscuras épocas... suspiro yo.

Ese tipo de pensamiento tiene obviamente sus excepciones, pero está lo suficientemente establecido como llamarlo tendencia. Y la tendencia lo suficientemente reconocida como para no dudar de su mediocre presencia en los muchos problemas económicos (Ejemplo: La burbuja hipotecaria, culpa de no sé cuántos). De salud (Ejemplo: El alto índice de correlación entre productos cancerígenos y productos baratos, culpa de los chinos) y moral (Ejemplo: El triste pero real éxito del Sexo en películas y publicidad, culpa de los ambisiosos de Hollywood).

La lista podría continuar, por ejemplo en las debilidades que tiene un político íntegro, incapaz de enviar sicarios contra sus enemígos vs. la eficiencia que tiene la expansión del narcotráfico en Guatemala.

Cometemos el error de fijarnos en los tres gigantes a lo lejos y no ver que nuestra propia contribución al mar de malas tendencias, establece la media de las cuales aceptamos o no las exageraciones que nosotros criticamos.

Criticamos a:
  • Los Narcos.
  • La Trata de personas.
  • Sicarios.
  • Mareros.
  • Prostitutas.
  • Corruptos del gobierno.
  • Vendedores de Armas.
  • Abusadores Sexuales.
  • Timadores Profesionales
  • Rateros.
  • Asaltantes.

Incluso llegamos a pretender tener el conocimiento y solvencia moral como para condenar las políticas internacionales de los EEUU, IRÁN u HONDURAS.

Pero no nos damos cuenta de lo que implica ser la mayoría. Y aún cuando es bonito decir "Los buenos somos más" es importante reconocer que los que "Somos Más" también somos "Más Responsables" - pues ponemos y definimos el promedio de lo que es moralmente aceptable y lo que no.

Los que somos más también somos quienes contratan a sicarios, maltratamos a nuestros empleados, perdonamos o ignoramos las "Ilegalidades" de nuestros amigos, Evitamos pagar impuestos, "Hablamos" con los directores del colegio para que perdonen a nuestros hijos, no llevamos libros, IGSS o programas de desarrollo para nuestros empleados, seguimos y perpetuamos los consejos de viejo zorro que se dan entre "Cuates", usamos nuestra influencia con orgullo para favorecer a nuestra gente. Compramos piratería. Permitimos la mediocridad de nuestras instituciones públicas pero necesitamos que voluntarios extrangeros vengan a apoyar el desarrollo social y servicio público nacional. PERO SOMOS MÁS!

Si queremos sacar a los corruptos de la política, tenemos que ser ciudadanos incorruptibles, que no se permitan obtener beneficios de quienes usan medios poco claros. Si queremos deshacernos de las maras, tenemos que donar nuestro tiempo como voluntarios a programas para re-incluir a las maras en nuestra sociedad. Si queremos que no hayan sicarios, tenemos que buscar soluciones alternas a las amenazas que se dan entre los pleitos cotidianos. Si queremos mejorar la educación, tenemos que DONAR nuestro TIEMPO a niños y niñas que no son nuestros hijos.

Tenemos que ser nosotros los que más arriesgamos. Pues somos la plataforma de la moralidad y velo de la inmoralidad. Somos los clientes de los malos y los proveedores de los mismos. Los buenos somos más?... no sé, pero la mayoría es, y siempre será, la mayor responsable.

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